//
Me lo dejaron probar en una visita al archivo Drouot. Honestamente, no es para mí: lo siento demasiado austero, casi clínico. Pero entiendo perfectamente por qué los coleccionistas lo persiguen. Es un documento histórico más que un perfume de uso.
¿La recomprarías? No
Un amigo me pasó 5ml. La proyección es discreta, pero cerca de la piel hay una complejidad enorme. Capto resinas oscuras y una nota mineral que asocio al ámbar gris natural. Después de unas horas se queda un musgo terroso muy persistente. Es el tipo de pieza que se aprecia más en silencio y a solas que en compañía.
¿La recomprarías? Sí
Lo probé en una sesión privada en Madrid el año pasado. La impresión inicial es de aspereza, casi de incomodidad, pero conforme avanza se revela una elegancia austera muy particular. No es un perfume para el día a día. Es para los que coleccionan piezas de archivo y buscan entender de dónde viene el género chypre.
Tuve un decant de la edición de 1996 durante un par de años. Lo que más recuerdo es la civeta del fondo, casi imperceptible pero crucial: hace que todo el conjunto vibre. Sin esa nota animal, Djedi se quedaría en un ejercicio formal. Con ella, es uno de los grandes parfums del siglo XX. Lo dejé ir porque no era mi piel, pero lo recordaré siempre.
¿La recomprarías? No
Djedi es ese chypre seco que ninguna casa moderna se atrevería a firmar hoy. La apertura es bergamota fría, casi metálica, y enseguida el gálbano corta como una hoja vegetal. En pleno desarrollo aparece el musgo de roble en su versión pre-IFRA: terroso, salado, con esa textura mineral que las reformulaciones contemporáneas no consiguen. El cuero ruso del fondo es austero, nada graso. Persistencia de 8-10 horas en piel y una estela contenida pero precisa. No es un perfume amable; es una declaración.
¿La recomprarías? Sí