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Tuve un decant de la edición de 1996 durante un par de años. Lo que más recuerdo es la civeta del fondo, casi imperceptible pero crucial: hace que todo el conjunto vibre. Sin esa nota animal, Djedi se quedaría en un ejercicio formal. Con ella, es uno de los grandes parfums del siglo XX. Lo dejé ir porque no era mi piel, pero lo recordaré siempre.
¿La recomprarías? No